DIEGO FERNANDO LÓPEZ RIVERA.
083000122007.
NATALIA MARIA TOVAR.
083000252007.
LIC. EN EDU. BAS. CON
ENF. EN LEN. CASTELLANA.
Durante
décadas atrás la educación en Latinoamérica y particularmente en Colombia,
siempre ha sido afectada desde todos sus ámbitos por demandas y políticas, a
partir de los requerimientos de entes gubernamentales, muchas veces ajenos a la
realidad socio-cultural del contexto colombiano, lo cual ha traído consigo
consecuencias ambivalentes que en la actualidad son objeto de debate y polémica
en todos los campos convergentes de la pedagogía educativa.
Los
infructuosos intentos del estado desde las décadas del cincuenta hasta las del
noventa, en su carrera estratégica de ampliar la cobertura educativa a nivel
nacional (urbano y rural), con la concepción de atenuar las diversas
problemáticas de calidad, equidad y garantías sociales para el sector estudiantil
colombiano resultaron insuficientes ante lo que se había proyectado, dichas
dificultades aun continúan flagelando la praxis educativa, contaminando la
función pedagógica que desempeña el docente, frente al fin mancomunado de buscar
la formación de individuos integrales y autónomos en la sociedad.
De
una manera u otra el quehacer docente esta saturado de una variedad de sucesos
cotidianos que explicita e implícitamente afecta el desarrollo armónico del
proceso formativo, y en tales circunstancias se le encuentra construyendo
realidades y luchando contra las convenciones falsamente elaboradas, es decir, ¿cómo
romper con la estigmatización de muchos padres y maestros frente a las
potencialidades y deficiencias de sus alumnos y viceversa?. Si los sistemas
educativos están cada vez más impregnados de las ideologías del mercado que
toman la imagen del sujeto educable como producto moldeable a los intereses de
la sociedad establecida por la maquinaria burocrática, ¿en dónde quedan la
autonomía y pertinencia del proceso escolar frente a las realidades de cada sujeto y
sociedad?
Son
múltiples las preguntas al respecto, si se observa con detenimiento la dinámica
misma de las interacciones educativas (sistema social, escuela y familia), frente al hecho de la educación
concebida como generadora de cambio de los actuales paradigmas que rigen la
sociedad, en otras palabras, se afirma que “En
Colombia, legalmente la educación es un derecho y un servicio público como una
función social, cuya responsabilidad está a cargo de las instituciones sociales
fundamentales: la familia, la sociedad y el estado” ([1]).
El
papel que desempeña el educador en el contexto pedagógico actual, ha tomado
diversos matices y en su mayoría desfavorables, ya que su labor se percibe
irrelevante por las constantes luchas y conflictos personales a los que ve expuesto,
principios y leyes arbitrarias, todas ellas impuestas por las instituciones
estatales, difieren totalmente con la realidad que se afronta cotidianamente, dentro
y fuera de las establecimientos educativos.
Es
por ello, que el docente se ve expuesto a reelaborar su actuar pedagógico, de
acuerdo a las circunstancias individuales y colectivas en las que esta inmersa
la escuela y cada uno de sus actores educativos, convirtiéndose en un pedagogo
crítico y reflexivo frente a las diversas situaciones socioculturales que
aquejan un país como Colombia, marcado por los conflictos como la violencia, la
guerra, el desempleo, la pobreza, la desigualdad, entre tantos que deterioran
el proceso de enseñanza-aprendizaje para el posterior desenvolvimiento del
educando en su vida y sociedad.
Por
lo tanto, en la práctica pedagógica se puede que las políticas educativas difieren
en este aspecto debido a la estandarización de la educación, lo cual relega los
términos de equidad, igualdad como elementos activos de la democracia y
factores que distinguen a un estado social de derecho.
Sin
embargo, no se puede eximir de toda responsabilidad al docente, pues son muchos
los casos en los que la pedagogía se delimita por la concepción tradicional del
mismo, en la cual es el único poseedor del conocimiento absoluto, ubicándose
así mismo en un inapropiado acabamiento, en donde simplemente se repite el saber
a los subyugados estudiantes, dejando a un lado el reconocimiento del otro,
como un legitimo otro en la convivencia escolar, esto termina siendo un factor exógeno
influyente que genera en el educando conflictos y frustraciones personales, que
se trasladan al plano educativo, imposibilitando
aun mas el proceso pedagógico pertinente para él.
Pero
aun así, la discusión radica frente al concepto de calidad que se aborda en la
actualidad, el paralelo con las realidades multiculturales y las diferencias
socioeconómicas propias de nuestro contexto, es decir, existe una ambigüedad
entre las políticas, sus objetivos y la diversidad, las diferencias que se encuentran
en la realidad. Nuestro contexto colombiano difiere de los planteamientos
europeos respecto a la educación, en el hecho que allí se observa los procesos
de los sujetos y a partir de sus necesidades se realiza la programación y
estructuración de la educación, mientras que en Colombia se elaboran dichos
planteamientos y se siguen a cabalidad sin importar que difieran con las
realidades en las que se encuentren los núcleos familiares y la vida de los
educandos.
Es
preciso, tener en cuenta que el contexto educativo de Colombia siempre habrán
factores exógenos y endógenos que se justifican en criterios políticos y
socioculturales, los cuales que impedirán el debido desarrollo de la pedagogía
que proponga el docente para cumplir con su objetivo de formar hombres
integrales y autónomos, que retribuyan a su sociedad algo de lo que han
recibido, por lo que es necesario que el maestro aplique a todos sus contextos,
un modelo pedagógico significativo que este sujeto a modificaciones necesarias y
que cause un gran impacto en la escolaridad de sus estudiantes, abriendo
espacios donde la meta sea transformar sus vidas y la de si mismo.
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