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jueves, 24 de mayo de 2012

LOS FACTORES EXOGENOS Y ENDOGENOS COMO LIMITANTES PEDAGOGICOS



DIEGO FERNANDO LÓPEZ RIVERA.
083000122007.
NATALIA MARIA TOVAR.
083000252007.
LIC. EN EDU. BAS. CON ENF. EN LEN. CASTELLANA.


Durante décadas atrás la educación en Latinoamérica y particularmente en Colombia, siempre ha sido afectada desde todos sus ámbitos por demandas y políticas, a partir de los requerimientos de entes gubernamentales, muchas veces ajenos a la realidad socio-cultural del contexto colombiano, lo cual ha traído consigo consecuencias ambivalentes que en la actualidad son objeto de debate y polémica en todos los campos convergentes de la pedagogía educativa.

Los infructuosos intentos del estado desde las décadas del cincuenta hasta las del noventa, en su carrera estratégica de ampliar la cobertura educativa a nivel nacional (urbano y rural), con la concepción de atenuar las diversas problemáticas de calidad, equidad y garantías sociales para el sector estudiantil colombiano resultaron insuficientes ante lo que se había proyectado, dichas dificultades aun continúan flagelando la praxis educativa, contaminando la función pedagógica que desempeña el docente, frente al fin mancomunado de buscar la formación de individuos integrales y autónomos en la sociedad.

De una manera u otra el quehacer docente esta saturado de una variedad de sucesos cotidianos que explicita e implícitamente afecta el desarrollo armónico del proceso formativo, y en tales circunstancias se le encuentra construyendo realidades y luchando contra las convenciones falsamente elaboradas, es decir, ¿cómo romper con la estigmatización de muchos padres y maestros frente a las potencialidades y deficiencias de sus alumnos y viceversa?. Si los sistemas educativos están cada vez más impregnados de las ideologías del mercado que toman la imagen del sujeto educable como producto moldeable a los intereses de la sociedad establecida por la maquinaria burocrática, ¿en dónde quedan la autonomía y pertinencia del proceso escolar  frente a las realidades de cada sujeto y sociedad?

Son múltiples las preguntas al respecto, si se observa con detenimiento la dinámica misma de las interacciones educativas (sistema social, escuela y  familia), frente al hecho de la educación concebida como generadora de cambio de los actuales paradigmas que rigen la sociedad, en otras palabras, se afirma que “En Colombia, legalmente la educación es un derecho y un servicio público como una función social, cuya responsabilidad está a cargo de las instituciones sociales fundamentales: la familia, la sociedad y el estado” ([1]).

El papel que desempeña el educador en el contexto pedagógico actual, ha tomado diversos matices y en su mayoría desfavorables, ya que su labor se percibe irrelevante por las constantes luchas y conflictos personales a los que ve expuesto, principios y leyes arbitrarias, todas ellas impuestas por las instituciones estatales, difieren totalmente con la realidad que se afronta cotidianamente, dentro y fuera de las establecimientos educativos.

Es por ello, que el docente se ve expuesto a reelaborar su actuar pedagógico, de acuerdo a las circunstancias individuales y colectivas en las que esta inmersa la escuela y cada uno de sus actores educativos, convirtiéndose en un pedagogo crítico y reflexivo frente a las diversas situaciones socioculturales que aquejan un país como Colombia, marcado por los conflictos como la violencia, la guerra, el desempleo, la pobreza, la desigualdad, entre tantos que deterioran el proceso de enseñanza-aprendizaje para el posterior desenvolvimiento del educando en su vida y sociedad.

Por lo tanto, en la práctica pedagógica se puede que las políticas educativas difieren en este aspecto debido a la estandarización de la educación, lo cual relega los términos de equidad, igualdad como elementos activos de la democracia y factores que distinguen a un estado social de derecho.

Sin embargo, no se puede eximir de toda responsabilidad al docente, pues son muchos los casos en los que la pedagogía se delimita por la concepción tradicional del mismo, en la cual es el único poseedor del conocimiento absoluto, ubicándose así mismo en un inapropiado acabamiento, en donde simplemente se repite el saber a los subyugados estudiantes, dejando a un lado el reconocimiento del otro, como un legitimo otro en la convivencia escolar, esto termina siendo un factor exógeno influyente que genera en el educando conflictos y frustraciones personales, que se trasladan al plano educativo,  imposibilitando aun mas el proceso pedagógico pertinente para él.    

Pero aun así, la discusión radica frente al concepto de calidad que se aborda en la actualidad, el paralelo con las realidades multiculturales y las diferencias socioeconómicas propias de nuestro contexto, es decir, existe una ambigüedad entre las políticas, sus objetivos y la diversidad, las diferencias que se encuentran en la realidad. Nuestro contexto colombiano difiere de los planteamientos europeos respecto a la educación, en el hecho que allí se observa los procesos de los sujetos y a partir de sus necesidades se realiza la programación y estructuración de la educación, mientras que en Colombia se elaboran dichos planteamientos y se siguen a cabalidad sin importar que difieran con las realidades en las que se encuentren los núcleos familiares y la vida de los educandos.

Es preciso, tener en cuenta que el contexto educativo de Colombia siempre habrán factores exógenos y endógenos que se justifican en criterios políticos y socioculturales, los cuales que impedirán el debido desarrollo de la pedagogía que proponga el docente para cumplir con su objetivo de formar hombres integrales y autónomos, que retribuyan a su sociedad algo de lo que han recibido, por lo que es necesario que el maestro aplique a todos sus contextos, un modelo pedagógico significativo que este sujeto a modificaciones necesarias y que cause un gran impacto en la escolaridad de sus estudiantes, abriendo espacios donde la meta sea transformar sus vidas y la de si mismo.





        


1.     OSSA ESCOBAR, Bernardo. Universalidad de la educación. EN: Colombia entre la exclusión y el desarrollo. Contraloría general de la Nación. Capitulo 4, pág. 85.

sábado, 21 de mayo de 2011

4.3 Dimensión comunicativa


4.3.1 Lenguaje, significación, comunicación
En este momento nos ocuparemos de esbozar un marco de referencia sobre las concepciones de lenguaje, comunicación y significación, en relación con la pedagogía del lenguaje que queremos delimitar. El planteamiento, en este punto, busca ir un poco más allá de las líneas básicas del enfoque semántico-comunicativo que soporta la propuesta de Renovación Curricular planteada por el MEN en la década de los ochenta. No se pretende de ninguna manera invalidar dicha propuesta, al contrario, se busca complementarla, de alguna manera se pretende recoger la discusión sobre algunos conceptos centrales de esta propuesta.

La razón de ser de esta reorientación es de índole teórica, en el sentido de recoger recientes conceptualizaciones e investigaciones en el campo de la semiótica, la lingüística del texto, la pragmática, y los trabajos sobre cognición, entre otros campos disciplinares específicos que se ocupan del lenguaje. En este sentido, la concepción de lenguaje que aquí se plantea tiene una orientación 32 hacia la construcción de la significación a través de los múltiples códigos y formas de simbolizar; significación que se da en complejos procesos históricos, sociales y culturales en los cuales se constituyen los sujetos en y desde el lenguaje 33. Por otra parte, esta orientación del lenguaje hacia la significación es el marco de trabajo de evaluación en lenguaje del Servicio Nacional de Pruebas ICFES en la actualidad.

De este modo, estamos planteando ir más allá de la competencia lingüística como horizonte del trabajo pedagógico, e incluso más allá de la competencia comunicativa. Recordemos que la competencia lingüística, en la gramática generativa de Chomsky (1957-1965), está referida a un hablante oyente ideal, a una comunidad lingüística homogénea; y al conocimiento tácito de la estructura de la lengua, que permite producir y reconocer los enunciados como gramaticalmente válidos o no 34. La interpretación pedagógica que se hizo de estas ideas derivó en una orientación normativa e instrumental, basada en la teoría gramatical, y tomando como centro la lengua como objeto de estudio: la morfología, la sintaxis y la fonética eran aspectos a los que se dedicaba gran parte de las acciones de la escuela. Los currículos en el campo de lenguaje estaban marcados por un gramaticalismo y memorización de las normativas lingüísticas. No estamos queriendo decir con esto que estos aspectos carezcan de importancia para el trabajo escolar, lo que está en cuestión es si sobre ellos debe recaer el énfasis.

Frente a la idea de competencia lingüística aparece la noción de competencia comunicativa planteada por Dell Hymes (1972) 35, que introduce una visión más pragmática del lenguaje en la que los aspectos socioculturales resultan determinantes en los actos comunicativos: “El niño adquiere la competencia relacionada con el hecho de cuándo sí y cuándo no hablar, y también sobre qué hacerlo, con quién, dónde y en qué forma. En resumen, un niño llega a ser capaz de llevar a cabo un repertorio de actos de habla, de tomar parte en eventos comunicativos y de evaluar la participación de otros. Aún más, esta competencia es integral con actitudes, valores y motivaciones relacionadas con la lengua, con sus características y usos, e integral con la competencia y actitudes hacia la interrelación de la lengua con otro código de conducta comunicativa...” 36. Las unidades de análisis que se derivan de este planteamiento, más que a enunciados lingüísticos, se refieren ya a actos de habla, inscritos en actos comunicativos reales en los que los aspectos sociales, éticos y culturales resultan centrales. De estos planteamientos se derivó el denominado enfoque semántico comunicativo: semántico en el sentido de atender a la construcción del significado y comunicativo en el sentido de tomar el acto de comunicación e interacción como unidad de trabajo.

La pedagogía del lenguaje se orientó, desde estos planteamientos, hacia un enfoque de los usos sociales del lenguaje y los discursos en situaciones reales de comunicación. El desarrollo de las cuatro habilidades: hablar, escribir, leer y escuchar, se convirtió en el centro de los desarrollos curriculares. Sin embargo, en nuestro contexto, el trabajo sobre las habilidades comunicativas tomó una orientación muy instrumental, perdiendo de vista las dimensiones socioculturales y éticas, e incluso políticas de las mismas. Insistimos que no estamos abogando por una postura en la que el aspecto técnico, e incluso el instrumental, pierdan importancia; al contrario, buscamos que se les encuentre su verdadero sentido en función de los procesos de significación, el trabajo sobre las cuatro habilidades debe fortalecerse en función de la construcción del sentido en los actos de comunicación.

Pensamos que las ideas centrales del enfoque semántico comunicativo siguen teniendo actualidad: el trabajo por la construcción del significado, el reconocimiento de los actos comunicativos como unidad de trabajo, el énfasis en los usos sociales del lenguaje, el ocuparse de diversos tipos de textos y discursos, la atención a los aspectos pragmáticos y socioculturales implicados en la comunicación, son ideas incuestionables. Sin embargo, la propuesta de centrar la atención en el proceso de significación, además de la comunicación, le imprime un carácter que pensamos enriquece mucho el trabajo pedagógico.

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32. Consideramos pertinente hablar de significación como una ampliación de la noción de enfoque semántico-comunicativo ya que el eje está puesto en el proceso de significación desarrollado por los sujetos, más que sobre el significado desde el punto de vista de la teoría semántica o lingüística.

33. La idea de orientar el trabajo sobre el lenguaje hacia la significación la planteó el profesor Luis Ángel Baena desde la década de los ochenta, y ha sido desarrollada, por el profesor Guillermo Bustamante en su texto “De la competencia comunicativa a la competencia significativa como objeto de evaluación masiva en el área de lenguaje”.

34. En el artículo “Acerca de la competencia comunicativa”, de Dell Hymes, se señala el cuestionamiento a la competencia lingüística y se propone la noción de competencia comunicativa como alternativa. Otro documento que se puede consultar en este punto es el trabajo de Alejandro Ulloa “Presupuestos para una teoría de los discursos en la comunicación social: competencia Lingüística, competencia ideológica y competencia comunicativa”.

35. Ver nota 2.

36. Tomado de: “Acerca de la competencia comunicativa”, de Dell Hymes, 1972.