POR: ELIANA CRUZ
MARIA
CAMILA VALDERRAMA
GUSTAVO
ANDRES RODRIGUEZ
ESTUDIANTES
DE I SEMESTRE
OBRAS CIVILES I
Desde
el comienzo de estas dos últimas décadas, el mundo ha venido presentado una
serie de transformaciones y cambios, en los comportamientos de la conciencia
social de sus habitantes, especialmente dentro de las generaciones más
contemporáneas, los preadolescentes y adultos jóvenes, que paso a paso con sus
iniciativas logran estimular entre los más adultos y escépticos, esa idea de
participación ciudadana, activa y reflexiva frente a las situaciones más
comunes de la vida. Tiempo en el cual, se han consagrado movimientos,
asociaciones y grupos sociales, cada vez con más fuerza, en los cuales las
comunidades se manifiestan, movilizan, marchan, protestan o congregan, en
búsqueda de garantizar un derecho que se vulnera o un hecho que incomodan a
todos en general, un frente social en pro de un bien común, muchas veces para
contrarrestar las cuestionables tendencias políticas y económicas de algunos
entes gubernamentales y grandes empresas privadas, a nivel mundial, solo
algunos, para no controvertir a su inmensa mayoría, y aún más en Colombia.
Actualmente,
la comunidad mundial se ha llenado de valor y gallardía, para fundamentar
precedentes significativos sobre las problemáticas reiterativas que incomodan,
al más paciente, en donde se han abierto espacios de conciencia y reflexión para
permitirles ser escuchados como una solo voz, frente asuntos en los que se
tiene la necesidad de argumentar a través de la protesta social, pacífica y
organizada.
Tales
manifestaciones se han basado en temas de trasfondo, que se han vuelto
situaciones preocupantes en la cotidianidad como; las crisis laborales,
económicas e ineficaces mandatos y manejos burocráticos, particularmente en el
continente europeo y norteamericano, el cual ha hecho sentir su inconformidad mediante
el movimiento llamado “los indignados”,
la contaminación de paramos, reservas hídricas, de fauna y flora naturales mediante la exploración y
explotación minera, el maltrato indiscriminado a niños y mujeres, el maltrato
animal, las reformas a la educación superior pública, el abuso al derecho internacional
humanitario, entre otras tantas, todos estos hechos percibidos y liderados,
principalmente en la mayoría de los países Latinoamericanos, y en nuestro caso en
el pueblo colombiano, por grupos sociales que se han unido en la exploración de
una conciencia colectiva que beneficie a todos.
Evidentemente,
las manifestaciones socioculturales tienen antecedentes desde años atrás,
haciendo recordar las décadas que comprenden desde los 50 a los 80 del siglo
pasado, cuando se luchaba por el respeto a la vida, los derechos humanos, la
consagración de los derechos de la mujer y los niños, la conclusión de
conflictos y guerras absurdas.
Aun
así, muchas de estas expresiones de desacuerdo han sido aprovechadas para ser
estigmatizadas por diversas razones; primero, por gente inescrupulosa que tiene
la concepción que a fuerza y violencia todo se puede solucionar, segundo, por
la criminalización de la movilización social por parte de sectores de control y
ordenamiento estatales, en función de deslegitimar la relevancia y
trascendencia que tienen estás en la sociedad, y tercero, por la manipulación y
desinformación proporcionada por algunas partes de los medios masivos de
comunicación que sesgan su imparcialidad en conveniencias minoritarias
inmediatamente determinadas, y no consensuadas en las mayorías involucradas en
dichos hechos, pero como diría William Ospina, “… también es la cultura la conciencia lúcida
que critica, el ciudadano indignado que reclama…” ([1])
De cómo se critique depende de cada quien, del que protesta, del que comunica,
como del que se informa.
Un estudio del Centro de Investigaciones y Educación
Popular, Cinep, sobre la protesta social en Colombia hasta el año 2009, afirmo
que durante el segundo mandato legislativo del expresidente Álvaro Uribe Vélez,
en donde fue objeto de muchos cuestionamientos y controversias, “la movilización
social ha venido creciendo, hasta alcanzar, en 2007, el mayor auge observado
desde 1975 que se reportaron 800 protestas y en el año 2008 la cifra llegó a
950” ([2]).
Esto revela el alto índice que ha venido tomando en los diversos rincones del
territorio nacional (ver cuadro n° 1), el recurso de la protesta social por
parte de los ciudadanos colombianos para hacer alarde y reclamación de sus
derechos, y que cada vez adquiere más fuerza. De igual manera, el la mayoría de
ellas fueron originadas, a partir de “las violaciones a los derechos humanos,
desconocimiento de derechos económicos, sociales y culturales. También es el
reflejo del desacuerdo con políticas gubernamentales y el incumplimiento de
pactos” ([3]).
Cuadro
N° 1.
|
CIUDADES
QUE LIDERAN PROTESTAS
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Bogotá
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|
Antioquia
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|
Valle
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|
Santander
|
|
Cauca
|
|
Costa Atlántica
|
Fuente: Centro de Investigaciones y Educación
Popular, Cinep.
Recientemente, una de las manifestaciones sociales, de
las cuales, los medios de comunicación nacional han estado informado, es sobre
la crisis que enfrenta el sistema de transporte integrado, Transmilenio, en
cuestiones de prestaciones de servicios de calidad y eficiencia a los
habitantes de la ciudad de Bogotá, que no soportaron mas el suplicio de los
viajes enlatados, los altos costos del transporte y las extensas esperas por un
rojo. Todo esto, llevo a que a los usuarios se unificaran para protestar y
bloquear, en busca de exigir un mejor servicio de transporte.
Sin embargo, reiteradamente los actos de unos
cuantos, empañaron la consagración y proceso de esta protesta, contribuyendo a
calificar una vez mas a los que se manifiestan constitucionalmente con derecho,
con el calificativo generalizado de vándalos y delincuentes.
Es por ello, que la trascendencia y continuidad de
las movilizaciones socioculturales en Colombia y Latinoamérica, preocupan pues
ante el crecimiento acelerado de grupos, como siempre, se presenta el riesgo
que estos movimientos se desorganicen y terminen finalmente por desintegrarse. Frente
a este riesgo inminente Carlos Gamboa, afirma que:
…
los fracasos de la movilización social no son producto de una variable, sino de
muchas acciones que aún no desbordan el escenario del aprendizaje colectivo,
sino que por el contrario, impiden colectivizar la lucha por las reclamaciones.
Traiciones de líderes acomodaticios, privilegios de partidos, negociaciones a
espaldas de las necesidades, ausencia de claridad en los objetivos o
amañamiento, sacrificio de lo necesario por lo estratégico y burocratización de
los movimientos, en fin, son muchas las causas por las que el movimiento
popular termina desgastado, sin concreciones reales y por supuesto, a merced de
los mecanismos de poder y de las represiones de Estado. ([4])
1. OSPINA, William.
Cultura. Columna de opinión, diario El Espectador. Internet: (http://www.elespectador.com/opinion/columna-319014-cultura)
2.
CARACOL, Noticias. Aumento
de la protesta social en Colombia. Actualidad. Internet: (http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/aumento-la-protesta-social-en-colombia/20090714/nota/844852.aspx)
4.
GAMBOA, Carlos Arturo. EN
DONDE TERMINAN LAS MOVILIZACIONES SOCIALES. Blog spot; Vórtice virtual: un
espacio para interactuar y pensar con sentido crítico. Internet: (http://tutorcarlosgamboa.blogspot.com/2011/11/normal-0-21-false-false-false-es-co-x.html)

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